Trabajar para vivir. Es tiempo de empezar a revisar y, tal vez, cambiar este paradigma.

No existe ninguna “ley natural” que imponga que sea necesario trabajar y generar ingresos para poder vivir.

Es cierto que, durante los últimos milenios, la humanidad tuvo que ligar estos dos conceptos (trabajo y supervivencia) porque era necesario para el desarrollo social. Existen tareas que son necesarias para poder vivir en sociedad y alguien las tiene que realizar, aunque no le guste, no le divierta o no le aporte a su vida personal más que un salario. Como no existían las tecnologías ni las máquinas que pudieran realizar este tipo de tareas, fue necesario incentivar a que las personas destinen parte de su vida a realizarlas (no me refiero al trabajo que nos apasiona hacer, nos desarrolla, lo hacemos casi por diversión como un hobby, sino al de las «8 horas obligadas»). Es así que hasta en la Biblia se determina que “te ganarás el pan con el sudor de tu frente”. Esta frase, al igual que muchas otras en este libro, están para incentivar comportamientos necesarios para el desarrollo del bien común. De esta forma se construyó el paradigma: “es necesario trabajar para vivir”. Pero hoy en día, y mucho más en el futuro próximo, tendremos máquinas que sustituirán al hombre en la mayoría de las actividades que hoy denominamos como “trabajo” y que están ligadas al ingreso que nos permite sobrevivir. Los robots pueden realizar con mayor precisión y eficiencia muchos de los trabajos que hoy realizan los “operarios”. La inteligencia artificial (por ejemplo Watson de IBM) realiza con mayor eficacia y exactitud los que hoy denominamos “trabajos intelectuales”, como por ejemplo los diagnósticos médicos, la investigación bibliográfica, la traducción, el asesoramiento financiero. Los vehículos autónomos asumirán el trabajo de la mayoría de los taxistas, choferes de camiones, pilotos … En consecuencia, cada vez habrá menos “trabajo” para que los hombres realicen.

Y si bien es cierto que se generarán nuevos “trabajos”, todo indica que no será al mismo ritmo en que se perderán.

Si seguimos utilizando el paradigma que liga el trabajo a la supervivencia, como “ley natural”,  vamos a entrar en una época de profunda injusticia, aumento de la desigualdad y conflictos sociales. Sin duda, podremos instrumentar algunas acciones como aumentar las subvenciones a los desocupados o globalizar las experiencias de renta básica general. Pero si no cambiamos el paradigma estas acciones seguirán siendo paliativos a una situación que está mal (no tener empleo) y por lo tanto, por un lado, no dignifican a los beneficiarios y por otro, serán vistas como una carga injusta por los que “se sacrifican trabajando” y les “pagan a los vagos”. Tenemos que comenzar a pensar si no es tiempo de cambiar de paradigma. Abandonar uno que fue funcional al desarrollo social durante varios milenios pero que ya no es útil y que puede conducir a grandes conflictos. Es necesario comenzar a utilizar un nuevo paradigma: “el hombre no tiene que trabajar para sobrevivir”. El hombre, simplemente por ser persona, debe recibir lo necesario para tener una vida digna y dedicar su tiempo a lo que más le guste y lo desarrolle. Así, algunos se dedicarán a investigar, porque eso les gusta; otros a diseñar casas para que los robots las construyan, porque eso los realiza y otras personas se dedicarán a tocar flauta en la playa porque eso es lo que les gusta hacer. Y todos, sin importar a qué se dediquen, tendrán una “renta” que les permitirá vivir dignamente.

¿Imposible?  No lo afirmaría alegremente.

La tecnología está haciendo posible que nuestras necesidades básicas se puedan cubrir a costos cada vez menores y hasta casi gratis. ¿Cuánto cuesta hablar con un amigo que está en Alemania? ¿cuánto cuesta tener toda la música del mundo en el bolsillo o sacar todas las fotos que queramos? ¿cuánto cuesta hacer un curso virtual? Hay investigadores que afirman que al ritmo que se va propagando y abaratando la energía solar para el 2030 esta energía será capaz de cubrir el 100% de las necesidades mundiales de energía y en el 2035 será casi gratis. Loco ¿no?. Igual que las personas que en 1990 afirmaban que hablar por teléfono desde Uruguay a Estados Unidos, todo el tiempo que uno quisiera, iba a ser gratis. Si el avance tecnológico sigue a este ritmo exponencial, en pocas décadas no será imposible que la sociedad le brinde a todo el mundo lo que necesita para vivir dignamente sin que estén “obligados” a  trabajar. Como decía Einstein, los problemas generados por nuevas realidades no se pueden resolver con los mismos conceptos y paradigmas que se utilizaban para resolver problemas de realidades anteriores.

Es tiempo de comenzar a abandonar la milenaria relación que une el trabajo a la supervivencia. Es tiempo de comenzar a pensar en que “no es necesario trabajar para vivir” y tomar las acciones para que en las próximas décadas se pueda instrumentar.

Este video de Ray Kurzeil puede ayudarnos a pensar en este enfoque.